Cuando la tecnología arrolla un sector

Es sorprendente la ceguera del sector audiovisual, pero es que el sector editorial lejos de aprender va camino de superar las marcas pasadas: La tableta da alas al libro ‘pirata’.

En la noticia de El País se quejan amargamente del impacto en la copia no autorizada de libros con derechos de autor (a la que denominan “piratería”) pero al mismo reconocen que la culpa (en gran parte) es la pésima oferta, comparen las dos frases que mejor definen el artículo:

la venta de tabletas a nivel mundial alcance los 19,5 millones de unidades en 2010

Libranda esperaba tener una oferta de 8.000 títulos digitalizados a final de año y se va a quedar en la mitad

El coctel es evidente, ante un crecimiento brutal de dispositivos de lectura digitales, ¿esperaban que los usuarios los metieran en un cajón a esperar que la industría desee comercializarlos digitalmente? Han retrasado durante años la oferta de contenidos literarios digitales (posiblemente destruyendo las opciones de una industría  literaria digital española)  y ahora además se quejan de nuestra falta de respeto por la ley.

No defiendo la copia indiscriminada sin recompensar los derechos de autor, pero es que no dejan otra opción. Apple o Amazon disponen de dispositivos con un completo control de los contenidos, y se venden por toneladas, pero la industria en lugar de llegar a acuerdos para que los usuarios dispongan de los libros en esas plataformas han pretendido defender la industria de la imprenta y las librerías. Si yo tengo un dispositivo como el Kindle o el iPad donde puedo encontrar el libro que quiero en dos minutos y descargarlo la propia facilidad de uso compensa del precio a pagar. Si yo me he comprado un dispositivo de lectura que es muchísimo más cómodo para muchas cosas que un libro impreso quiero usarlo, si no puedo encontrar el libro para compra me lo descargo, ¿pretenden que lo descarguemos y pasemos a comprarlo después de leerlo tal vez?

Están quejándose de su propia incapacidad de adaptación, es cierto que la tecnología les perjudica y que las costumbres de los usuarios les penalizan, pero ellos no realizan el más mínimo esfuerzo.

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